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Los enanos son los hijos de Ilúvatar y de
una prostituta moscovita. Avergonzado del pecaminoso affair,
Ilúvatar renegó de los enanos como bastardos
que eran, para centrarse en sus
hijos los elfos, a los que reconoció como herederos de Arda y de
una finca a dos millas de las Quebradas Blancas.
Mires por donde mires a
un enano lo primero que percibes es lo terriblemente feos que
son, vomitivamente feos. ¡Con deciros que las mujeres enanas
llevan barba! Lo que me trae a la memoria a mi exmujer… ehm,
pero esa es otra historia. Sí, son más feos que pegar a un
balrog, pero no conformes con eso viven como vagabundos. Son los
indigentes de la Tierra Media, algo que sería tolerable y
comprensible si no fuese porque son las criaturas con más
riqueza del mapa desplegable que aparece en la primera página
del libro de El Señor
de los Anillos. La renta per cápita de los enanos es
3.500 veces superior a la de los hobbits y su salario medio no
tiene nada que envidiar al de Saurón (sin tener en cuenta las
ganancias que obtiene el Señor Oscuro en concepto de derechos de
imagen).
Al igual que las
lombrices, los enanos escarban la tierra de la que extraen
minerales preciosos con los que fabrican resistentes armaduras y
llaveros como souvenir de Moria. El
mithril es el
material más valioso de la Tierra Media, después del
polietileno. Para haceros una idea de su valor, con un gramo de
mithril puedes comprar tres poneys, con cien gramos la lealtad
de Elrond y con un kilo puedes llevarte a Galadriel vestida de
lagarterana a Barad-dur. Y estos hijos de Ilúvatar tienen mucho
mithril, tanto que durante la segunda edad eran frecuentes los
secuestros de empresarios enanos.
Los enanos son
conocidos por su espíritu beligerante, no en vano son los que
más entusiasmo han puesto en el desarrollo armamentístico y en
las nuevas tecnologías aplicadas al campo militar. Son los
culpables de la llamada
Guerra
Fría que tuvo en vilo a media Arda
a mediados de la Tercera Edad, y en la que los enanos
desarrollaron un millón de bolas de nieve para atemorizar a sus
enemigos. Pero si hay un arma que acongojó al mismísimo Ilúvatar
fue el temible pollo de goma, empleado con crueldad por los
enanos en la guerra contra los elfos, sus archienemigos.
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